miércoles, 29 de agosto de 2012

Escolopendra Reloaded

He vuelto, aunque nunca me fuí del todo. Supongo que más de una  inocente mosca estaría frotándose sus patitas de satifacción y alivio pensando que  por fín había estirado las mías.... Siento decepcionaros, apetitosos enemigos... O mejor dicho, me encanta seguir decepcionándonos,  mis queridos odiados. Es otra manera sutil de atormentaros, y ya sabeís que la sutileza me encanta.  Vuestra carne adquiere un bouquet inigualable después de mis refinados  juegos psicológicos.


                Mi ausencia ha sido  prolongada, y la razón es que he cambiado de piel. A diferencia de vosotros, primates  decadentes, mi proceso de envejecimiento no conlleva arrugas espantosas ni carnes colgantes. Muy por el contrario, los años me dan lustre y esplendor. Me retiro a un escondrijo confortable y allí procedo a cambiar mi dura piel externa, a rasgarla y salir completamente rejuvenecida, un nuevo yo mejorado e intacto...Cuántas mujeres adictas al bótox y los estiramientos matarían por poder recuperar, de verdad,el esplendor físico y no  acabar convertidas en inexpresivos clones de muñecas hinchables de sex shops. Lo siento por vosotras, trabajad vuestro karma y la próxima vida volved como miriápodo.


                Aunque cuente mi renacimiento con tanta ligereza, no penseís que es llegar, desgarrar la piel, salir y vuelta a empezar. Ni mucho menos. Todo cambio realmente importante en el ciclo eterno de la vida exige esfuerzo, sacrificio y dolor. Es el pago que se nos exige, porque, queridos, la vida no es gratuita. No sé exactamente el tiempo que me ha tomado renacer, aunque hablar de tiempo es una convención inventada por vosotros,  y ni realmente me interesa. Sólo sé que cuando me retiré, las plantas amanecían cubiertas de una brillante  y crujiente capa de escarcha y ahora las lagartijas, tan aficionadas al sol, huyen de él buscando sombra. 


                El proceso empezó muy suavemente. Primero una ligera incomodidad por las mañanas,  rigidez en mis numerosas articulaciones, lentitud en los movimientos, y sobre todo una sensación interna de vivir sin vivir en mí, como Santa Teresa... Pero  lo que realmente me mostró que había llegado el momento de liberarme de mi viejo exoesqueleto fué un dolor indescriptible en el dorso de mi cuerpo al desenrroscarme después de una reparadora siesta. Cuando oí claramente que la piel se me estaba rasgando, a la vez que otro relàmpago de dolor sacudía cada segmento  de mi cuerpo, la sabiduría  escolopendrina  impresa en mi adn supo que empezaba el cambio. Me arrastré como pude. El sufrimiento era tal que apenas podía controlar mi cuerpo. Fuí dejando un reguero de gotitas doradas de veneno tras de mí. Afortunadamente, encontré un tiesto roto con restos de tierra y ahí me desplomé.


                Las oleadas de dolor se sucedían. Cuando parecía que el umbral del dolor había llegado a la cúspide, que no era capaz de soportar más porque mi cuerpo se desintegraría, comprobaba que estaba equivocada. La siguiente era mucho peor. Mi nueva carne pugnaba por salir, rompiendo, desgarrando, rasgando, abriéndose paso. Y mis mùsculos tenían vida propia, se movían a su propia voluntad, sin que yo  pudiera hacer nada para controlarlos. Había que desechar hasta la última partícula de mi antigua piel, no podía quedar ningún resto que interfiriera con mi nuevo yo.


                Por fin terminó todo. A mi lado yacía el caparazón vacío que había sido mi protección durante años. Me pareció minúsculo y frágil, porque mi nuevo cuerpo era mucho más grande y poderoso, aunque me dolía cada milímetro. Pero el cambio no había terminado.


                Con infinito cuidado, empecé a mover la cabeza, las mandíbulas, las patas... Todo estaba en su sitio, pero sentía como si estuviera rodeada de  una gelatina espesa que ralentizaba mis movimientos.   Mi exoesqueleto tenía un precioso color ámbar claro, y estaba blando como la piel de un ratón recién nacido. Agotada, caì dormida. Debía esperar a que la piel se endureciera.  Entonces,  empecé a soñar...


Sin la barrera de mi armadura natural volví a estar integrada en la intrincada red de la vida, como miriápodo, como ser vivo, como partícula, como energía. Me ví a mi misma, tendida en el tiesto roto. Y ví la casa que comparto con los humanos. Y los ví a ellos. Sin que pudiera resistirme, un torbellino violento me arrastró hasta la humana y me encontré viendo por sus ojos. Estaba cocinando, creo que verduras. Las probò y  y para mi sorpresa, las paladeé con ella y pese a mi repugnancia inicial, me encantaron. Pensé que quizás se me estaba abriendo una nueva y más còmoda fuente de alimentaciòn. Oí claramente sus pensamientos, como si fueran míos. El cúmulo de pensamientos, imágenes, sensaciones, me marearon.  Sentí un violento tirón y ya no estaba en su cuerpo. Me elevaba no sabía a dónde. Me rodeó la aterciopelada negrura del cielo nocturno. Ví constelaciones, nebulosas, galaxias. Me tragó un agujero negro y aparecí en un mundo donde las escolopendras habíamos conquistado la Tierra. Justo cuando iba a ser coronada como Emperatriz Suprema volví a ser abducida... ¡Maldición!. La corona me sentaba estupendamente.


Me desintegré en átomos,   en partículas, me convertí en un haz de luz violeta... Y por fín, regresé a mi resplandenciente nuevo cuerpo.


Resumiendo,  humanos,  he vuelto... Y más escolopendra que nunca.

martes, 1 de mayo de 2012

Un 28 de Abril

Hoy la escolopendra se queda metida en su grieta, protegiéndose de las caprichosas y vivificantes lluvias de abril, escuchando los mirlos pelear por las gordas lombrices, sintiendo bajo sus patas el cosquilleo de los brotes que se abren paso de nuevo entre la tierra al glorioso renacimiento, a la magia cíclica del eterno retorno de la primavera.
Hoy la escolopendra admira las nubes esponjosas, que se deslizan, perezosas por el cielo recién lavado y se maravilla con la altivez de los chopos, que entonan con el viento antiguas canciones sin palabras .
Hoy la escolopendra piensa en la vida.
Hoy la escolopendra piensa en la muerte.
...Y descubre absolutamente maravillada que es un todo indivisible, una unidad completa y llena de sentido.
Inexplicablemente, la escolopendra deja caer una lágrima ambarina... Sabe que nunca más estará sola.

sábado, 25 de febrero de 2012

La sonrisa de la barracuda


Hoy me ha ocurrido algo muy extraño. Llevaba varios días sumida en el maravilloso sopor letárgico que cada año me envuelve para pasar el tranquilo y oscuro invierno, cuando una imagen desasosegante se ha clavado en mi cerebro: he visto una barracuda sonriéndome, a escasos centímetros de mis ojos. Es absurdo e imposible, lo sé, pero esa visión ha ahuyentado por completo mi dulce sueño. Previendo que, posiblemente, nunca hayáis visto una barracuda, he tenido el detalle de poner una foto, para que comprendáis mi sobresalto. Me considero un miriópodo razonable, con un alto autocontrol sobre mis emociones, pero imaginaos por un momento, con vuestro cerebro en calma absoluta y, de improviso, encontraros la enorme boca llena de dientes de una barracuda a un palmo de vuestro rostro. Escalofriante.
Por más que intenté relajarme, haciéndome un ovillo sobre mí misma, no pude recuperar el sueño. Afortunadamente brillaba el suave sol de invierno, que consiguió reanimar mi entumecido cuerpo, por lo que decidí probar suerte y tomar un último bocado antes de hibernar. A veces la vida es generosa, y contra todo pronóstico, se me cruzó una gorda araña despistada, que devoré de inmediato. Satisfecha, volví a mi refugio... Pero nada, el sueño no volvía. Empecé a rebullirme, nerviosa, por lo que decidí entrar en la casa de los humanos a dejar mi mente en blanco, como hacen ellos, frente al televisor. Quizás así conseguiría mi añorada modorra.
Los humanos hablaban acaloradamente sobre algo relacionado con el nuevo gobierno del país donde viven, creo que se llama Eshpañiiiiaaa, o algo así, porque es como lo oigo cuando lo mencionan en las noticias, hasta la saciedad: que si Eshpañiiiiaaa va a recuperar el lugar que se merece en Europa, que si Eshpañiiiiaaa y los eshpañiiiioooles atraviesan una profunda crisis que se va a solventar por las acertadísimas y visionarias medidas económicas que va a tomar con pulso firme el nuevo gobierno, y blah-blah- blah… El caso es que poco a poco estaba logrando quedarme dormida cuando, de repente, entre la neblina que precede al sueño, vislumbré la escalofriante sonrisa de nuevo. Se me heló la sangre y casi se me paraliza el corazón. Con mis sentidos alerta de nuevo, enfoqué la vista… No, no era la barracuda. Lo que ocupaba la pantalla era una mujer, una humana (o eso creo)… Pero, oh Gran Diosa Escolopendra, su sonrisa era exactamente igual a la de la barracuda, tan llena de dientes afilados, tan amenazadora, tan voraz. Escuché su nombre, lady Anne Bottle, la nueva alcaldesa de algo llamado Madriz.
Como los humanos hablaban de ella en términos poco amables posicioné mis antenitas en modo recepción y movida por mi maldad innata decidí saber más de esa señora. Una se ha ganado la fama, merecidísima, de villana a pulso durante años, no iba a permitir que una advenediza recién llegada me arrebatara mi reino de refinada crueldad gratuita. Lo primero que debía medir era la inteligencia de mi rival: una mente perversa debe estar afilada como la hoja de una cuchilla, engrasada como la guillotina, y las palabras constituyen una buena muestra de los niveles de maldad que fermentan en el corazón de los malvados. Rebusqué en Wikiquote y he aquí lo que encontré:
"La Cenicienta es un ejemplo para nuestra vida por los valores que representa. Recibe los malos tratos sin rechistar, busca consuelo en el recuerdo de su madre."
En la presentación de su libro Érase una vez... los mejores cuentos infantiles comentados, el 11 de junio de 2001.
Fuente: Citado por Maxi Rodríguez Revista Fusión, por Trinidad Jiménez ABC, por Rosa Marco El Periodic
"Sí, soy tradicional; soy conservadora." (24/02/2002)
"En la catástrofe del “Prestige” sólo hay un culpable: el barco." (12/12/2002)
"Quiero dedicarme a las políticas de carácter social porque son la expresión más ajustada de una vocación de servicio a los demás." (9/01/2003)
"Para mí la adopción de hijos por homosexuales no es una cuestión moral, sino científica. En lo que todos estamos de acuerdo es que hay que proteger al menor, y, de momento, nadie en el mundo ha dicho que los niños tengan las mismas condiciones dependiendo de quién los adopte. Ahí tienen la palabra los científicos."
Nota: En TeleMadrid. (15/01/2003)
"Es una cuestión tan difícil, que es realmente una situación límite. Es una de esas situaciones límite en las que la vida no te suele poner. ...Prefiero ni planteármelo".
Nota: Declaraciones a la cadena COPE, sobre el caso de una niña nicaragüense violada que solicitaba poder abortar, ante la oposición de la iglesia católica nicaragüense. (28/02/2003)
"No tengo ningún problema de conciencia, porque el Papa lo que ha dicho es que hay que luchar por la paz. Yo creo que el Gobierno ha luchado por la paz hasta la extenuación, y el Papa ha dicho que serán responsables aquellos que no hayan luchado por la paz".
Nota: Entrevista en el diario El Mundo, sobre la guerra de Irak. (24/03/2003)
“Si me hubiera dado cuenta de que estaba en un cocido de carnaval, no hubiera pedido el voto”.
Nota: En TeleMadrid. (26/02/2004)
“No quiero un mundo en el que las mujeres seamos iguales que los hombres, sino un mundo que se adapte a las necesidades de las mujeres, que son las de la sociedad en su conjunto” .
Nota: En la presentación del libro “La ambición femenina. Como reconciliar trabajo y familia”. Madrid. (01/03/2004)
"Un hombre y una mujer es una cosa, dos hombres es otra cosa y dos mujeres es otra cosa, como supongo que un trío también será otra cosa".
Nota: Entrevista con la Agencia EFE, sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. (11/10/2004)
"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta".
Nota: Sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. (2004)
"Cuando ninguno de los votos de Nueva York viene a Madrid, creo que eso tiene que hacer pensar. Al final los actos en la vida tienen consecuencias, pero claro, cuando tenemos un presidente del Gobierno que ni se levantó cuando pasó la bandera de los Estados Unidos... no vamos a entrar en otras cuestiones".
Nota: Con motivo de la designación de Londres como organizadora de los Juegos Olímpicos de 2012. (2005)
“La Ley del Aborto en España no se cumple en ningún sentido. Esto nos tiene que llevar a una reflexión. Me produce sonrojo pensar que aquí al lado hay un niño de siete meses en una trituradora”. (25/01/2008)
“Hay dos tipos de partículas, las producidas por los hombres, que son las peligrosas, y las naturales, que son las que han llegado de África”.
Nota: Sobre la contaminación en Madrid y el consiguiente consejo del Ayuntamiento a los madrileños de que no hagan deporte al aire libre (25/01/2008)
"El planeta está al servicio del ser humano porque el ser humano es el centro".
Nota: En el congreso Nacional de Medio Ambiente. (03/12/2008)
Fuente: Diario adn.es[2].
«Es invierno y nieva».
Nota: declaraciones a la Cadena Ser sobre el caos que causó la gran nevada en Madrid (09/01/2009).
«Estamos en un momento en el que la gente está deprimida por el paro. Eso asfixia más».
Nota: declaraciones a la COPE a propósito los altos niveles de contaminación registrados en la ciudad de Madrid (10/02/2011).
Fuente: elmundo.com.
Después de leer esta colección de frases lapidarias, con una plácida sonrisa en mis labios imaginarios, me retiré a mi cómoda hendidura invernal y por fin llegó a mí el dulce sueño. No tenía nada por lo que preocuparme. Seguiría siendo la reina indiscutible de las villanas. Quienes si deberían hacerlo son las cochinillas, las emperatrices de la Bobería, que viven debajo de las macetas, tan simples que, ante un peligro real e inminente se hacen una bolita y piensan que son invisibles y la amenaza desaparece… alguien de su mismo nivel intelectual es alcaldesa de una ciudad, ellas si se han quedado sin reinado.
Eso sí, antes de dormirme, un nombre empezó a resonar en mi cabeza: Mrs Hope Aguirre… Pero eso puede esperar.

domingo, 20 de noviembre de 2011

La Reina de las Luciérnagas

Por fín ha llegado el otoño. El calor abrasador ha dejado paso, de nuevo, al frío y la lluvia, a las noches largas y a los días deliciosamente grises y melancólicos que hacen que hasta las escolopendras nos sintamos conmovidas por la belleza decadente de las hojas muertas y los cielos plomizos. Y sin que siente de precedente, os contaré, aprovechando este ánimo introspectivo que me esponja el corazón y dulcifica el carácter, cómo conocía a la reina de las luciérnagas. No recuerdo exactamente el cúando, porque mis días y mis noches son sólo una prolongación del mismo presente: el mismo sol, la misma luna, las mismas estrellas que ocupan exactamente el mismo lugar en el firmamento una y otra vez, dentro del perfecto circuito del universo estático en el que vivo. Lo que sí recuerdo es el dónde. Aún no había cambiado los espacios naturales por el domesticado territorio urbanita. Vivía en las raíces medio podridas de un viejo chopo moribundo, junto con una pequeña colonia de frenéticas hormigas negras que normalmente evitaban mi presencia debido a que, alguna que otra vez había aprovechado un descuido para merendarme alguna de las miles de larvas blanditas y apetitosas que con tanto mimo cuidan en el hormiguero.
Mi vida transcurría todo lo tranquila que puede ser la existencia de un miríapodo que en un segundo puede convertirse en la cena de otro depredador, siempre al acecho, persiguiendo unas veces, huyendo otras. Y entonces, en una noche especialmente oscura, llegó ella. Acababa de cazar una polilla, que aunque no es mi plato favorito,el polvillo de las alas me provoca ardores de estómago, era mejor que nada. Me había acurrucado bajo una piedra cubierta de musgo para asimilar todos los nutrientes recién ingeridos cuando, frente a mí ví una extraña luz fosforescente una milésima de segundo, que desapareció al momento. Mis antenas se pusieron en modo alerta, mis 42 patas en tensión, listas para correr como sólo ellas saben. Seguí mirando en la misma dirección, y nada, la negrura más absoluta. Cuando iba a retirarme a mi guarida, de nuevo ocurrió: la más hermosa luz verde que había visto en mi vida brillaba ante mis ojos. Esta vez, permaneció encendida más tiempo, iluminando con una luz irreal las hojas de alrededor. Y se volvió a apagar. Estaba como hipnotizada: la prudencia me gritaba a voz en cuello que ni por lo más remoto me acercara a esa extraña aparición, pero mi estúpida curiosidad me animaba a averiguar qué podía ser lo que estaba presenciando. Entonces, empezaron a surgir más luces de la oscuridad, que, describiendo trayectorias inseguras, se aproximaban a dónde había surgido la primera luz. En un momento decenas de puntitos luminosos danzaban en la noche, describían círculos, bajaban, subían, en una danza mágica y fantasmal. Y entonces ella, la única luz fija, empezó a brillar con una intensidad que nunca había visto, con un resplandor lunar que hacía que te preguntaras si estabas soñando. Poco a poco, todas las luces se fueron aproximando hacia ella, posándose en las ramas aledañas, hasta que todo el árbol quedó iluminado. Entonces, los sonidos nocturnos cesaron de repente, como si el espectáculo fosforescente hubiera enmudecido a todas las criaturas vivas y las luces se encendían y apagaban al unísono, en un extraño lenguaje lumínico que solo esos seres entendían. Era como presenciar un canto sin sonido, una melodía sin notas...Y así, en vela, pasé toda la noche, maravillada, hasta que la luz del amanecer borró todo rastro de lo que había presenciado dejándome con la duda si, de nuevo, había ingerido por accidente alguna sustancia alucinógena.
El siguiente día lo pasé en duermevela, sin fuerzas para salir de caza, pero con una única obsesión: esperar la oscuridad de nuevo y extasiarme con el espectáculo de la noche anterior. Y así hice,noche tras noche durante una semana. Casi olvidé alimentarme, descansaba poquísimo y la debilidad se empezó a apoderar de mi cuerpo. Nada importaba más que esa luz magnética y boreal, y sin darme cuenta, empecé a resbalar hacia una dulce y aterciopelada muerte totalmente voluntaria. No sé que habría sido de mí si en una de esas letárgicas mañanas en las que lo único que hacía era esperar las horas nocturnas no me hubiera topado con un hambriento mirlo, que, aprovechando mi sopor, me cogió con el pico con la nada elegante intención de desayunarme. Cuando sentí la sacudida de su pico desperté de mi estado de embrutecimiento y, aprovechando que mis mandíbulas caían cerca de su cuello, le hinqué mis colmillos, inyectando una generosa dosis de ponzoña en su cuerpo. Me dejó caer al momento y, afortunadamente, ese incidente despertó mis sentidos de nuevo. Una cosa es dejarse morir de fascinación y otra muy diferente que un apestoso pajarraco te devore para luego regurgitarte en los picos hambrientos de sus pelados polluelos. Una tiene su dignidad. Como pude me arrastré hacia el hormiguero: necesitaba alimento fácil de conseguir y abundante que no agotara mis escasísimas energías, al igual que vosotros acudís cuando os rugen las tripas a los McDonald´s. Fué una orgía de sangre, y, cuando ahíta de larvas, sentí la energía volver a mi cuerpo decidí averiguar que extraño ser me había hipnotizado de tal manera. Pero claro, debía ir de día, cuando su capacidad de seducción fuera nula.
Me dirigí a la roca desde donde divisé por primera vez esa extraña luz, y, tengo que confesarlo, con un leve temblor en mis patas, trepé al árbol buscando el origen... Y, como pasa en muchos momentos de la vida, preferí no haber sabido la verdad. Esperaba encontrar un ente luminoso y perfecto, la matrialización de todo lo bello... Pero allí estaba, devorando una babosa negra y viscosa, como si fuera la única vez que hubiera comido. Levantó su cabecita grisácea, y, con hilillos de sangre de su presa goteando de su mandíbula, me miró ausente, un momento, sin una chispa de curiosidad en sus ojillos, para luego seguir comiendo como si yo no estuviera allí. El origen de mis desvelos, de mi casi fallecimienro, no era más que una espantosa y fea luciérnaga, un insecto con el cuerpo blando y fragmentado, !y con sólo seis pares de patas , qué vulgaridad¡... A punto estuve de abalanzarme sobre ella y devorarla... Sentí mi orgullo herido... ¿Cómo era posible haber caído bajo el embrujo de un ser tan absolutamente insulso, sin gracia alguna?. Lo que había estado presenciando no era más que el cortejo de los bobos machos luciérnagas, que sí pueden volar, y atraidos por la intoxicante luz de la hembra acuden, como seres sin voluntad, a suspirar por los favores de la hembra. Y yo había sido uno más de sus aborregados admiradores...
Sin embargo, me dí media vuelta y puse tierra de por medio. ¿la razón?... Pues bueno, de alguna manera, aunque a la luz del día no dejara de ser un tipo de escarabajo poco agraciado, su luz me había transportado a un estado cercano a la felicidad. Nunca había visto nada tan hermoso, aunque fuera mentira...Y así estuve muchos días meditando sobre la belleza, sobre el poder que ejerce en las almas sensibles, como la mía, y sobre que, muchas veces, pasamos nuestras cortas vidas suspirando por una enorme y falsa ilusión, por una falacia...pero era tan,tan hermosa...

lunes, 29 de agosto de 2011

Gracias Benedicto!!!!!

No sé si en mi caso puedo decir eso de "me da vueltas la cabeza", porque, aunque tengo cabeza, no tengo cuello ni cervicales que me permitan girarla, pero bueno, tampoco nos vamos aponer picajosos, porque es la expresión que mejor define mi actual estado... Sí, me dá vueltas la cabeza, y llevo así unas semanas, entre el calor sofocante que me ha tenido buscando, sin éxito, grietas y hoquedades con algo de humedad en una casa que desgraciadamente para mí y las demás criaturas que vivían en el patio, ha sido remodelada y el tsunami cristiano que ha invadido este Madrid que cada vez me recuerda más a una triste capital de provincia de los años cincuenta, estoy que no me hallo. Yo, que era la depredadora perfecta, ágil, despiada y siempre sedienta de fluidos vitales ajenos, me he convertido en una caricatura de mí misma... Y el invierno se acerca inexorablemente de nuevo. Ahora entiendo el leit motiv de los románticos, la frustración de ser consciente de la brevedad de la vida, la melancolía del tempus fugit... ¿Veís?, no soy yo, me he convertido en una llorica... Precisamente ahora, el momento perfecto para derramar a diestro y siniestro mi veneno, mi preciada escolopendrina, de hincar mis fauces en tantas virginales carnes blandas y mórbidas de nacionalidades tan variadas, deseosas de sufrir en nombre de Dios, Cristo, el Santo Padre y Rouco varela. Mi llanto es inconsolable: que nó habría dado yo por deslizarme bajo los inmaculados ropajes del representante de Dios en la Tierra, Benedicto El de la Sonrisa Lobuna, para comprobar si el despiadado agosto madrileño le hacía sudar sus marchitos e inútiles genitales como al resto de los mortales, de constatar si lleva sagrados Calvin Klein o un tanga brasileño, que todo es posible. Hubiera realizado mi sueño mordisqueando la pantorrilla peluda de una novicia francesa, seguramente sin depilar... Y qué decir del placer de masticar el lóbulo de un adolescente estadounidense, tan rubio y coloradote... Pero eso ya nunca podrá ser, el Santo Varón que tan bien comprende y perdona a los pederastas de su Iglesia y tanto fustiga a los homosexuales que han tenido la valentía y el coraje de vivir sin miedo, a las mujeres que son dueñas de sus vidas, en fin, a todos los que se niegan a ser corderos de su rebaño de lobotomizados, el padre de los Católicos se ha retirado a sus humildes aposentos del vaticano. Tendré que hacer alguna incursión furtiva para calmar este desasosiego, quizás a un colegio femenino del Opus Dei para deslizarme bajo las medias color beige de alguna hermana bigotuda y darle lo que tanto le gusta, un poquito de dolor para que vaya ganándose un lugar entre los mártires. Al fin y al cabo es lo que han buscado durante siglos...Si al final voy a ser hasta piadosa.
Tengo la impresión de que poco a poco vuelvo a ser yo... Gracias, Benedicto!!!!

miércoles, 22 de junio de 2011

Auschwitz, siglo XXI.

Sé que si muchos leyeran esta entrada, aparte de ese minúsculo y selecto grupo de seres vivientes que, aún no entiendo porqué, se interesan por los pensamientos de esta escolopendra (y lo agradezco desde el fondo de mi corazoncito artrópodo), probablemente se indignarían hasta la congestión, porque hay temas de la historia de los primates evolucionados que no se pueden ni mencionar sin que a los guardianes de la Verdad Absoluta se les hinche la yugular.Pero como sólo un puñadito van a leer esto y, además, soy una escolopendra, puedo opinar de lo que quiera. Faltaría más.
Jonathan Safran Foer es judío, escritor y vegetariano. La verdad que me es bastante intrancesdente si sus oraciones van dirigidas a un dios-calamar o enciende cirios a los pies de Pamela Anderson cada sábado noche, pero en este caso si hay una diferencia: ha escrito "Comer Animales", un libro que a veces me ha hecho casi vomitar, a veces me ha horrorizado, y otras me habría llevado a llorar desconsoladamente si hubiera podido. Este clarividente ser humano sería al único que, si casualmente cruzara su pié desnudo frente a mis mandíbulas, se libraría de mi mordedura, porque se lo ha ganado: ha sido valiente, sincero y sobre todo compasivo con los pobladores mayoritarios del planeta Tierra, los animales, por contar lo que nadie quiere saber, por sacar a la luz que la esclavitud, la tortura, el exterminio están a la orden del día y que son los humanos los que la están ejerciendo con total impunidad. Existe un Auschwitz animal, pero pocos lo saben, pocos lo creen, pocos quieren verlo, pocos quieren evitarlo. ¿No resulta familiar?. Pensemos en la Alemania de antes de la II Guerra Mundial, en Hitler, en la solución final, en los miles de cuerpos empujados a fosas comunes, en miles de seres humanos convertidos en cosas, desnutridos, explotados, masificados...Y esto lo ha escrito el nieto e hijo de perseguidos, de exterminados, de torturados, sin escandalizarle, sin relativizar el sufrimiento, sin poner por encima el dolor humano del dolor animal, porque el Dolor es el mismo, dá igual la especie: nuestros organismos biológicos son los mismos, somos espejos en los que mirarnos. Desgraciadamente para la mayoría de los humanos este punto de vista es hasta risible: ¿cómo se puede comparar una gallina con un ser humano? ¿cómo un cerdo va a tener igual valor que una persona? ¿cómo va a tener derechos una ternera?. Por una vez me guardaré la ironía, porque he visto muchas gallinas en las rebajas y muchos cerdos montados en el metro, pero bueno, pues sí, los tienen. La dignidad no es prerrogativa humana, el derecho a tener una vida decente también se aplica a los animales, porque el autor del libro no aboga por el vegetarianismo de una manera radical, que, por otra parte, considera es la mejor opción, pero entiende que se coma carne, siempre y cuando el animal haya disfrutado de las mejores condiciones de vida y las mejores circunstancias de muerte. Nada más alejado de la realidad: para que los primates satisfagan su gula milles de gallinas, vacas, cerdos, pavos, terneras, viven hacinados en recintos minúsculos, tratados como engranajes en una cadena de producción donde se les obliga a parir continuamente, a poner huevos, donde se les atiborra de medicación para que sus cuerpos debilitados resistan hasta alcanzar el peso necesario para convertirse en alimento, a ser transportados en camiones de la muerte, donde muchos tienen la suerte de morir antes, para ser conducidos a los mataderos donde se les tratará sin el menor cuidado, golpeándoles y hasta rompiéndoles huesos, porque ¿quién se dirige voluntariamente a una muerte segura?, para luego eviscerarlos, desangrarlos, despellejarlos, escaldarlos, sin siquiera comprobar antes si están muertos o sólo aturdidos. Y esto sin hablar de los animales marinos, a los que se pesca sin ningún tipo de selección, donde cientos de animalillos mueren para que un gordo ser humano y su gorda y ruidosa prole devoren un plato de gambas al ajillo mientras suena David Bisbal por los altavoces del chiringuito. Sólo tengo una cosa que añadir, y no la digo yo, la he buscado en la wikipedia: una de las definiciones de Humanidad: la compasión, el altruismo y otros rasgos morales positivos.
Me da la risa floja.

sábado, 4 de junio de 2011

Acabo de regresar de unas de esas furtivas escapadas que hago cuando el aburrimiento se me vuelve insoportable y decido hacer antropología artrópoda, o lo que es lo mismo, observar y criticar sin piedad a estos Homo Sapiens que en contadas ocasiones me maravillan, a veces me apenan y siempre me sacan de quicio, y tengo que decir que aún me encuentro en estado de shock por lo que he contemplado con mis ojos compuestos. Como hace tiempo que encontré el escondrijo perfecto en un agujero del forro del bolso de la humana con la que vivo, me es muy sencillo deslizarme dentro cuando ella se marcha a trabajar y esperar el momento propicio para salir y explorar el caótico y bullicioso mundo humano que se han construido y en el que están irremediablemente apresados, un mundo condicionado y dirigido por lo que ellos llaman "dinero". Dedican sus miserables vidas a acumularlo y se puede conseguir de muchas formas: con violencia, con engaños, mendigando, incluso gracias a un golpe de suerte, pero inexorablememnte hay que tenerlo, sea como sea, y la gran mayoría de ellos lo obtienen trabajando, vendiendo su tiempo, energía, inteligencia, cuerpo, habilidades a otros. Suena absurdo, lo sé, y si yo fuera un artrópodo sociable y lo contara en cualquier reunión con mis congéneres pensarían que se me ha ido la cabeza, por eso precisamente prefiero mi vida de"Si san Francisco de Asís levantara la cabeza", es lo